No hay duda que la robótica educativa se posiciona en estas épocas como un
elemento nuevo y necesario de conocer por las nuevas generaciones. Las
empresas e industrias han incorporado procesos de producción y múltiples
elementos que incluyen automatismos y control. Los ingenieros mecánicos,
electrónicos y más recientemente los informáticos han asumido estos desarrollos.
Sin embargo, en las últimas décadas se muestra con mayor presencia la
necesidad de formarse u obtener alguna especialidad que abarque con mayor
profundidad esos temas. Surgiendo así la robótica como un área de estudios a
nivel universitario. Paralelo a esto, nacen desarrollos y nuevas tecnologías que
intentan acercar estos conocimientos a niños y jóvenes impulsando a las escuelas
a insertarlos como recursos de apoyo en los procesos de enseñanza de sus
estudiantes.
Estos desarrollos justifican las necesidades creadas por el exterior para que las
instituciones educativas quieran incorporar la robótica, pero no son suficientes ni
sostenibles en el tiempo, si se valora la rapidez de los cambios tecnológicos
actuales. Por lo tanto, una primera razón para proponer un proyecto educativo
con robótica debería estar ligada al beneficio que los estudiantes obtendrán de él.
Por lo tanto, será necesario pensar en las habilidades sociales, cognitivas y
tecnológicas a propiciar y los niveles de apropiación que se promoverán desde el
proyecto.
“Apropiarse de algo significa hacerlo propio hasta el punto de poder aplicarlo a
conveniencia y según los requerimientos y características de situaciones
específicas.” (Perkins, 2006:2). Partiendo de esta premisa, en el campo de la
robótica educativa debemos preguntarnos por aquellas habilidades o desempeños
que deseamos crear, promover o pulir en los estudiantes.
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